dissabte, 8 de juliol de 2017

Welcome to Egypt

Cuando estuve en Egipto por primera vez, en 1995, también fue después de una temporada sin recibir turistas debido a conflictos internos y recuerdo que nos trataban con mucho respeto, casi como si fuéramos un cristal delicado y valioso, pero en esta ocasión es casi un clamor generalizado: por donde pasamos oímos "Welcome to Egypt", no solo de los vendedores, ávidos de hacer una buena transacción, sino de la gente con la que te cruzas por el camino. 

Y también es cierto que los caminos que nosotros trazamos no son los más frecuentados por los turistas, en el caso de que hubiera turistas. Los pocos que te encuentras están en el Museo Egipcio y en las pirámides de Giza y poco más. Por la calle, no. Hay turismo de otros países árabes, pero no hay occidentales prácticamente. Las medidas de seguridad abundan y a veces estremecen: esta mañana, sin ir más lejos, hemos visto que usaban un pastor alemán para detectar explosivos en los coches que accedían al párquing del Museo Egipcio, y para entrar al recinto del Museo a pie, se han de pasar tres controles de seguridad (aunque algún segurata no se toma su función muy a pecho, puesto que a Lluís le sonó la alarma del arco en una ocasión y se conformaron con tocarle los bolsillos del pantalón y comprobar que llevaba monedas).

Alrededor de embajadas, ministerios, museos, sitios de interés turístico e iglesias cristianas de diferentes religiones la presencia policial y las barricadas son extremas, incluso colocan puentes levadizos modernos y controlados por control remoto para impedir la entrada de los coches no autorizados. Cuando uno lo ve, el instinto te impele a colocarte en la otra acera, pero uno se encuentra con el impedimento del intenso, ruidoso y estresante tráfico de El Cairo, ajeno al código de circulación y con escasos semáforos no muy respetados. Recordaba que me daba impresión cruzar una calle cuando vine hace veintidós años, pero ahora da puro susto. Llegar sana y salva al otro lado de una calle me aporta la sensación de haber cruzado el Rubicón, haber invadido Polonia y al mismo tiempo hacer puenting: ¡adrenalina pura y dura! Y lo mejor es que todos los coches me aplauden la gesta tocando el claxon. Oh, ¡qué grandes coros se oyen durante todo el día y la noche!

Si consigo irme de aquí después de haber aprendido a cruzar las grandes avenidas (de dos carriles hacen tres o cuatro; de tres, cuatro o cinco, y así...) sin correr, sin miedo, sin encomendarme al espíritu de Usain Bolt, tanto en la aceleración como en la frenada, sin la sensación de haber logrado una heroicidad, solo cruzar la calle como un egipcio, con todo su control del peligro, parsimonia y majestuosidad, me daré por satisfecha. 

Ma'a ssalamah, 

Neus

2 comentaris:

  1. Acabo de leer que os vais directos a a Phuket! Que regalo! Ya nos contareis que tal la experiencia en Abu Dhabi. Feliz viaje!

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    1. Maite, ¡la única experiencia de Abu Dhabi fue pisar su aeropuerto! ¡Pero me pareció un aeropuerto espectacular: sala para dormir, asientos reclinados en las puertas de embarque, masajes, tatuajes de henna baratos y con detalles minusculos, máquina para recargar todo tipo de móviles y que no te los roben mientras tanto, tiendas de todo tipo, restaurantes de todas las culturas y un personal ingente y amabilísimo.

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